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The Mediterranean Diet by Nonna Angelina
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Tu puedes dejar Sicilia, pero Sicilia no te dejará nunca

En mi infancia en Brooklyn, todos los domingos íbamos a la casa de mis abuelos en la calle Trottman. Los almuerzos de los domingos eran muy especiales. Y a pesar de que nunca entendí lo que hablaban mis abuelos, el tiempo transcurrido con ellos fue muy especial, lo que podríamos llamar el culto a la "familia". Con el paso de los años, mi familia se volvía cada vez más americana. Si bien todavía conservamos algunas costumbres, con la muerte de mis abuelos muchas tradiciones se perdieron. Nos convertimos en americanos con descendencia italiana.

Ahora soy madre de tres jóvenes, casi adultos y siempre me he sentido orgullosa de mi herencia siciliana. Le he enseñado a mis hijos que la familia está antes que nada, que es lo más importante. Debemos estar siempre juntos a pesar de todo. Esta convicción estaba en mi alma. Mis padres eran separados, por lo que siempre creí que este compromiso con la familia era una consecuencia de aquella separación.

Pero viniendo a Sicilia, descubriendo mis raíces, la casa de mis antecesores, he aprendido que mi alma se sintió estimulada por las tradiciones de los sicilianos. Hay mucho en mi de la herencia siciliana pero verdaderamente no lo sabía hasta que este año visité Sicilia.

Recorriendo Sicilia con dos espléndidas personas de este bellísimo pueblo, me di cuenta de que entré en contacto con el amor. Amor por la familia (apenas conocida), amor por la gente de Sicilia y amor por su mar y su tierra. Todo esto siempre formó parte de mi. Ahora se de donde viene. Ahora realmente puedo apreciar el gran valor de la herencia. Es algo con lo que se nace, no se adquiere.

Mis abuelos partieron de Sicilia a principios del siglo pasado y mis padres nacieron en América, pero ahora se que Sicilia nunca me dejó. Un especial agradecimiento y que Dios los bendiga a: Josephine Asaro Cannamela de C.I.A.O. y a Giuseppe Tranchida de "Sicilia in Tour" por el espléndido trabajo que han realizado al lograr reunirme con mi familia acá en Sicilia y por haberme ayudado a ponerme en contacto con mi bellísima herencia, de la que estoy orgullosa de llamar "la mia".

Joan Madonia Paceco (TP)

Mi historia es transatlántica

Mientras estoy en un avión a 10.000 pies de altura y miro hacia abajo la tierra de mis antecesores, de mi padre... me siento embargada de tantas emociones, de tanto orgullo. No se si existen palabras para poder describir este sentimiento. Estando en Erice, cerca del castillo inmerso entre las nubes, puedo sentir la sangre de mis antecesores recorriendo mis venas, su dolor, su alegría, su historia que desbordó de emoción mi corazón y todo mi cuerpo. No entiendo todas estas emociones en mi, siendo que no nací en esta tierra Yo soy americana, por lo tanto pienso que mi historia es transatlántica.

Una vez fui a la Gran Sala de Ellis Island, por años ha sido el lugar de entrada de tantos inmigrantes esperanzados. Cien años atrás mi bisabuela, la mamá de mi abuela había atravesado esta Gran Sala. Ella apenas tenía 16 años; y cien años después yo vuelvo ha hacer el mismo recorrido que ella había hecho, pensando en sus miedos, su esperanza, y otras vez vuelvo a sentir desbordar mi corazón y todo mi cuerpo de la emoción. Puedo sentir su fuerza que recorre mis venas. Si, mi historia está también en América.

Soy hija de emigrantes italianos y he pasado mi vida tratando de equilibrar mi herencia italiana y mi vida como americana. He estudiado profundamente la cultura y la lengua de mis antecesores. Mis padres me han dado el don de conocer mi herencia. Ellos me han dado el don de: la habilidad para amar y el deseo de ser apasionada por la cultura de la tierra natal de nuestra familia. En mi infancia y gracias a mi papá pude ir muchas veces a Italia. Cada viaje ha sido especial, y comencé a valorar y a apreciar la belleza de la tierra de mis ascendientes y su cultura.

Mientras crecía, el volver a mi querida Italia, se había vuelto un motivo cada vez más espiritual. No se decir cuan grande fue la intensidad de las emociones que viví en estos viajes, pero el impacto que la cultura italiana ha tenido en mi vida se ha reforzado. Y en este viaje que hice a Erice, estando cerca del castillo casi tapado por las nubes, he entendido quien soy y de donde provengo. No hay paz más grande en la vida...

Antes de emprender mi último viaje a Sicilia, mi madre me dijo que este viaje cambiaría mi vida. En octubre de 1999 volví a Sicilia para celebrar Halloween y la recorrida del día de Los Muertos. Dos fiestas: una tradicional americana y la otra toda italiana. En medio de aquellas nubes misteriosas, entre las calles de piedra de una ciudad medieval, miles de personas se reunieron para celebrar Halloween... la primera vez para muchos sicilianos.

Es extraño y al mismo tiempo espectacular para una americana celebrar esta festividad junto a los italianos. Es como si mis dos mundos se hubiesen unido. Y en ese momento entendí hasta que punto estos dos mundos forman parte de mi, y finalmente se unieron y se compenetraron en todos los aspectos de mi vida. Mi madre tenía razón¡ este viaje me cambió la vida¡

Y bien, yo vivo dos vidas, en dos mundos. Cada vez que vuelo sobre aquella montaña árida cerca de Palermo, cada vez que inspiro aquella primera bocanada de aire marino, cada vez que miro hacia abajo de aquellas rocas ericinas, tengo siempre aquella sensación... la sensación de que estoy en casa. Yo se que soy italiana. Y cuando mi mirada se posa sobre los rascacielos de la ciudad de Nueva York, mis ojos se llenan de lágrimas y tengo de nuevo aquella sensación... la sensación de que estoy en casa. Yo se que soy americana. Yo vivo dos vidas, en dos mundos y los dos son "casa". Mi vida ha sido bendecida. Muchas personas dedican toda su vida buscando entender quienes son y de donde vienen, que significa "casa" y donde está. Yo he pasado mi vida saboreando cada momento.

En abril vuelvo a Italia para celebrar las Pascuas, participando de las procesiones de Semana Santa en varios pueblos sicilianos, una vez más viviré la cultura de mis antecesores. Y haré otro viaje espiritual.

Iré a "casa"

Donna María Asaro Castellammare del Golfo